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Qué resultados dio uno de los experimentos más ambiciosos del mundo para aumentar la natalidad de un país
- Autor, Stephanie Hegarty
- Título del autor, Corresponsal global de población
- Autor, Zsofia Paulikovics
- Título del autor, BBC News Magyarul
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 8 min
Sentada en el banco de un parque en el frondoso campus universitario de Debrecen, una ciudad del este de Hungría, Barbara Elek revisa nerviosamente su correo electrónico. Ella y su esposo, Levi, esperan saber si Barbara está embarazada tras su tercer tratamiento de fertilidad in vitro hace diez días.
"Si no funcionó, obviamente me sentiré devastada", dice Barbara a BBC Global Women.
Su inquietud no se basa solo en la tristeza de no poder tener un bebé. Ella y Levi podrían enfrentar además el pago de una deuda cuantiosa si no logra concebir.
Como muchas otras parejas jóvenes húngaras, Barbara, quien es trabajadora social, y Levi, un chef, tenían derecho a decenas de miles de dólares en préstamos sin intereses y subsidios cuando prometieron tener dos hijos.
Pero cuando se dieron cuenta de que no podían concebir de forma natural, la situación se complicó. Si no pueden demostrar que esperan un hijo para noviembre tendrán que devolver esos préstamos con penalizaciones, lo que consumiría casi la mitad de sus ingresos.
Durante los últimos 16 años, durante el gobierno del exprimer ministro Viktor Orbán, Hungría implementó algunas de las políticas pronatalistas (diseñadas para aumentar la tasa de natalidad) más ambiciosas y generosas del mundo.
Las medidas incluían préstamos con condiciones que mejoraban según el número de hijos que la pareja declarara tener. Tras el nacimiento de tres hijos, los préstamos se cancelaban.
Hungría ha destinado entre el 4% y el 5% de su PIB a estas medidas -casi US$16.000 millones- una cantidad similar a la que la OTAN recomienda a sus países miembros gastar en defensa. Todo ello ha ido acompañado de una feroz campaña de marketing que promueve la idea de una "Hungría favorable a la familia".
Máté y Ági Gorondy son padres de cinco hijos menores de 10 años. Aprovecharon las generosas prestaciones por maternidad y las ayudas económicas para reformar su casa y comprar un coche más grande.
Máté, desarrollador de negocios independiente, se beneficia de desgravaciones fiscales que aumentan con cada hijo. Y Ági, al ser madre de más de dos hijos, no pagará ningún impuesto sobre la renta si vuelve a trabajar.
"Sentimos que estos beneficios influyeron en nuestra decisión de tener hijos, ya que generaron una actitud favorable hacia las familias", afirma Máté.
El padre agrega que en su pueblo, un suburbio acomodado en las afueras de Budapest, se ha observado un aumento notable de familias con cuatro y cinco hijos.
Cae la tasa de natalidad
Durante un tiempo la tasa de natalidad de Hungría aumentó: de 1,25 en 2010 a 1,61 en 2020. Algunos consideraron este incremento un gran éxito, especialmente ciertos conservadores estadounidenses que abogan por gobiernos más proactivos en favor de la familia.
Sin embargo, en los últimos tres años, la tasa de natalidad ha descendido hasta 1,31, una cifra no mucho mayor que la inicial del programa.
"Parece que estas políticas fueron efectivas durante un tiempo, como suele ocurrir con la mayoría de las medidas pronatalistas", afirma Eva Fodor, codirectora del Instituto de la Democracia de la Universidad Centroeuropea.
Ella cree que los incentivos económicos impulsaron a algunas personas a tener hijos que habrían tenido de todos modos simplemente antes de lo previsto. "Por ello la tasa de natalidad subió durante un tiempo, uno o dos años, y luego comenzó a descender de nuevo".
Según Timothy P. Carney, investigador principal del American Enterprise Institute y autor de varios libros sobre el descenso de la natalidad, el mayor éxito de Orbán fue situar a la familia en el centro del discurso político.
Pero Carney agrega que "parte del problema es que sobreestimamos la eficacia de los incentivos financieros. Orban tuvo un éxito modesto, pero también demostró los costos y los riesgos de las políticas familiares".
Hungría no es el único país que ha intentado aumentar su tasa de natalidad mediante políticas financieras y sociales.
La tasa de natalidad de Corea del Sur era de 1,19 en 2008, una de las más bajas del mundo. Desde entonces, el país ha invertido alrededor de US$290.000 millones en intentar que su población tenga más hijos. Los padres reciben una "bonificación por nacimiento" de entre US$27.000 y US$40.000 al nacer un hijo, además de generosas prestaciones mensuales por cada niño. También reciben vales para ayudar con el cuidado infantil privado.
Sin embargo, la tasa de natalidad total de Corea del Sur disminuyó durante ese tiempo, situándose en 0,8 en 2025.
Algunos argumentan que el aumento y la caída de la natalidad en Hungría tuvieron poco que ver con sus políticas, y simplemente reflejaron tendencias más amplias en Europa. La República Checa, por ejemplo, no introdujo medidas pronatalistas tan expansivas, pero experimentó un aumento y una disminución similares.
Malos cálculos
Barbara y Levi se conocieron en línea hace nueve años, cuando tenían poco más de 20 años, y se casaron un año después. Sabían que querían tener dos hijos y solicitaron el préstamo para futuros padres de 10 millones de florines (US$33.000) en 2020. Cuando tuvieron dificultades para concebir de forma natural los derivaron a una clínica de fertilización in vitro subvencionada por el gobierno situada a una hora y media en coche de donde viven.
Para obtener una exención de las penalizaciones en caso de no quedar embarazada, Barbara necesita demostrar que ha hecho todo lo posible por concebir. Debe haberse sometido a cuatro ciclos de tratamiento, pero hasta ahora solo ha pasado por el proceso tres veces. Así que la noche anterior a su cita preparó toda la documentación que había reunido: varias carpetas con documentos médicos y financieros, todas pruebas de sus esfuerzos por tener un bebé.
Antónia Miskolczi, otra joven que solicitó algunos de los préstamos ofrecidos, considera que las políticas de apoyo a la familia fueron una distribución de dinero mal calculada. En su caso personal, agrega, los préstamos no la animaron a tener más hijos.
Antónia añade que una condición importante para ella era solo aceptar los préstamos si no influían en la cantidad de hijos que tendría.
Esta madre de 29 años, residente de Budapest, opina que la sanidad estaba en un estado lamentable bajo el gobierno de Orbán y habría preferido que los fondos públicos se hubieran destinado a mejorar los servicios públicos.
Describe haber visto en redes sociales videos de futuras madres sobre "qué pongo en mi bolsa para el hospital" y se horrorizó al ver que les pedían llevar su propio papel higiénico y desinfectante.
"No creo que se necesiten grandes promesas", afirma, "basta con arreglar lo básico, y la voluntad de tener hijos aumentará".
Antónia optó finalmente por dar a luz en un hospital privado.
Tras una mañana angustiante en la clínica, Barbara y Levi reciben una noticia devastadora: la transferencia de embriones no ha tenido éxito. Esto no solo significa que no tendrán hijos, sino que los pagos mensuales para repagar su deuda podrían cuadruplicarse.
No son los únicos en esa situación: el Banco Nacional de Hungría estima que hay 25.000 parejas -una de cada cinco que solicitaron préstamos entre 2019 y 2021- que no tuvieron hijos y tendrán que pagar intereses de penalización este año.
El nuevo gobierno húngaro, que asumió el poder en abril, anunció recientemente que ampliará los plazos para que las parejas tengan hijos. También declaró que buscará soluciones para aquellos que no tuvieron los hijos prometidos.
Una decisión difícil para el gobierno será si continuará o no con los incentivos. Estas políticas han demostrado ser populares. Eliminarlas podría "provocar una enorme reacción negativa del público", según Antónia, quien afirma que "la gente ya ha basado sus planes en ellas".
Las políticas favorables a la familia en Hungría, un pilar fundamental del gobierno de Orbán, se enfrentan a un futuro incierto.
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