"Jugamos como nunca y perdimos como siempre": el sueño mundialista de México se acaba tras la derrota con Inglaterra

Hinchas de México siguen el partido contra Inglaterra.

Fuente de la imagen, Charlotte Wilson / Getty

Pie de foto, La hinchada mexicana siguió con pasión el partido.
    • Autor, Daniel Pardo
    • Título del autor, Corresponsal de BBC Mundo en México
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 4 min

"Jugamos como nunca y perdimos como siempre", decía Sebastián Llapur, un mexicano que salía de la Avenida Reforma en la noche del domingo tras el partido del Mundial que México perdió con Inglaterra 2-3.

Luego otra simpatizante añadía: "Nos dan un minuto más y empatamos".

Cientos de miles de personas se congregaron en la principal avenida de la Ciudad de México a ver el partido en las pantallas gigantes que colocó la alcaldía.

Fue un festival hasta que el árbitro pitó el final del partido, que daba por finalizado el Mundial 2026 para México en octavos de final.

El equipo, sin embargo, se fue con la frente en alto tras un Mundial en el que jugó mejor de lo que se esperaba, dio enormes alegrías a la gente —sobre todo al vencer a Ecuador en dieciseisavos— y luchó hasta el final contra Inglaterra, uno de los mejor posicionados para ganar el torneo.

"Esto son las grandes ligas y no te puedes equivocar, porque te condenan", dijo Javier Aguirre, director técnico mexicano, en referencia a los dos primeros goles de Inglaterra, anotados por Jude Bellingham, en los minutos 36 y 38.

"Me da pena por la gente, pero mis jugadores pueden estar tranquilos porque hicieron lo que pudieron contra un gran equipo", añadió Aguirre.

México cierra el tercer Mundial del que es anfitrión con la sensación de que habría podido llegar más lejos, no solo porque mostró un gran fútbol durante el torneo (llegaba a los octavos invicto, con 4 victorias, 8 goles a favor y 0 en contra), sino porque Inglaterra no fue particularmente superior en la cancha.

Pero ahora los ingleses son quienes avanzan a cuartos de final y jugarán contra Noruega el sábado 11 de julio en Miami.

El arquero inglés salta a atrapar un balón rodeado de jugadores de ambos equipos.

Fuente de la imagen, Michael Steele / Getty

Pie de foto, México no logró el gol que le hubiera dado el empate.

Tensión en un ambiente electrizante

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La tensión ya era el sentimiento dominante en el estadio Azteca antes de que empezara el partido: una tormenta eléctrica acompañada de lluvia obligó a retrasar el partido una hora.

Los jugadores mexicanos empezaron el partido confiados, proactivos, creando las opciones más claras y dominando la mayor cantidad del tiempo.

Pero a Inglaterra le bastó un centro de Bukayo Saka y un cabezazo de Bellingham para ponerse adelante.

Eso produjo una desconcentración insólita de los mexicanos, que, dos minutos después, derivó en el segundo del mediocampista del Real Madrid.

Eso, sin embargo, no dio para cerrar el partido, porque cuatro minutos después Julián Quiñones, la figura mexicana del Mundial, marcó el descuento y metió a México de vuelta al partido.

En el segundo tiempo, el partido se llenó de fricción, a pesar de una dominación de México que no se tradujo en ocasiones claras de gol.

El inglés Jarell Quansah fue expulsado en el minuto 53, pero la superioridad numérica no pareció beneficiar a México en el resto del partido.

En el minuto 60 Harry Kane marcó el tercero para Inglaterra de penalti y en el 69 Raúl Jiménez hizo lo propio, también de penal, para el 3-2 que sería final.

Aunque lo dieron todo, los mexicanos no lograron transformar el empuje en resultados.

Con eso se quedan por fuera de la Copa del Mundo en el último partido que estaba pautado en territorio mexicano.

A la salida de la Avenida Reforma, las multitudes siguieron con su fiesta a pesar de la derrota: se gastaron la espuma que quedaba, se comieron el taco que no falta y cantaron una vez más "Cielito lindo".

El sueño del "y si sí", que hablaba de una esperanza remota pero real de ganar el torneo, ahora termina.

Queda la satisfacción de que se jugó bien, se trató a los turistas como hermanos y se mostró una vez más que, si este fuera un torneo en el que concursan las aficiones, México ganaría por mucho.

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