You’re viewing a text-only version of this website that uses less data. View the main version of the website including all images and videos.
Qué fue la Revolución Cultural de Mao Zedong y cómo marcó la historia de China hace 60 años
- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 7 min
La Revolución Cultural, de cuyo inicio se cumplen seis décadas, fue una de las etapas más oscuras de la historia de China.
En 1966, el líder comunista Mao Zedong ordenó una campaña nacional para purgar elementos considerados contrarrevolucionarios, influencias capitalistas y pensamiento burgués en el gobierno, la educación y el arte.
Mao estaba declarando la guerra al pasado, a las "viejas ideas" y a las "viejas costumbres".
Y la batalla no sería librada principalmente por la policía o los organismos de seguridad, sino por ciudadanos comunes —especialmente jóvenes— contra sus propios conciudadanos.
"El mensaje de Mao era: 'Rebélense contra su profesor, contra su maestro, contra su dirigente del partido, su superior, los jefes de fábrica. La rebelión está justificada'", explica el historiador Yafeng Xia, profesor de la Universidad de Long Island en EE.UU.
La campaña, que oficialmente duró hasta 1976, transformó completamente la sociedad china y dejó profundas huellas políticas y culturales que aún siguen presentes en el país.
El ascenso de Mao y el fracaso del Gran Salto Adelante
Mao llegó al poder en 1949 tras derrotar a las tropas nacionalistas del Kuomintang e instaurar la República Popular China, inspirada en el marxismo.
Tras siglos de dinastías imperiales, China había entrado en el siglo XX con un profundo atraso económico y marcada por las invasiones de potencias extranjeras.
Las desigualdades entre ricos y pobres, entre el campo y la ciudad y entre hombres y mujeres eran enormes.
Mao lanzó en 1958 el llamado Gran Salto Adelante, un ambicioso programa destinado a industrializar rápidamente la economía agraria china y alcanzar a Occidente en pocos años.
La agricultura fue colectivizada y se impusieron objetivos considerados inalcanzables junto con erráticas políticas económicas que terminaron siendo contraproducentes.
A comienzos de los años 1960, la economía y la agricultura chinas se habían hundido.
La situación, combinada con varios desastres naturales, desembocó en una de las mayores hambrunas de la historia, en la que se calcula que murieron entre 20 y 40 millones de personas.
"Mao sabía que había habido enormes errores políticos", afirma Yafeng Xia.
Según explica el historiador, en 1961 el dirigente dio un paso atrás y otros líderes, como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, quedaron al frente de la recuperación económica.
Para 1964, la economía china parecía mejorar.
Pero Mao nunca aceptó plenamente haber cometido errores.
Según Xia, el líder temía además que sus sucesores lo responsabilizaran del fracaso del Gran Salto Adelante y de la gran hambruna.
En 1965 comenzó a preparar su regreso político señalando a dirigentes como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping (quién fue destituido y enviado a trabajar en una fábrica de tractores) como "seguidores del capitalismo", una acusación extremadamente grave dentro de la retórica comunista china.
El inicio de la Revolución Cultural
El 16 de mayo de 1966, Mao promulgó una directiva destinada a deshacerse de sus oponentes políticos y, al mismo tiempo, revitalizar ideológicamente a la sociedad.
Según el historiador, Mao creía que muchos funcionarios del gobierno central, provincial y local se habían corrompido y ya no servían al pueblo, o los consideraba seguidores de los líderes que él había purgado previamente.
"Mao realmente pensaba que estaba haciendo una nueva revolución comunista, que debía existir una revolución política constante", señala el historiador.
La movilización fue masiva: campesinos, trabajadores y especialmente estudiantes fueron llamados a rebelarse contra sus superiores y contra cualquiera que ocupara posiciones de autoridad.
Todo ello ocurría, además, bajo una masiva campaña de culto a la personalidad de Mao.
Las imágenes de miles de jóvenes reunidos en la plaza de Tiananmén en Pekín levantando el "Libro Rojo" de Mao son uno de los símbolos de aquella época.
La Guardia Roja y la destrucción de los "Cuatro Viejos"
El movimiento juvenil más emblemático de la Revolución Cultural fue la Guardia Roja, integrada por millones de estudiantes de secundaria y universitarios que surgieron por todo el país para hacer cumplir las enseñanzas de Mao.
"Para esos jóvenes, el presidente Mao era el Dios. Todo lo que decía era correcto", explica Xia.
La campaña se dirigió contra lo que el régimen llamó los "Cuatro Viejos": las viejas ideas, la vieja cultura, las viejas costumbres y los viejos hábitos.
Los guardias rojos recorrieron China con el objetivo de destruir las tradiciones consideradas incompatibles con la revolución.
Maestros, intelectuales y personas señaladas como enemigas del Estado eran sacadas de sus casas, atadas, interrogadas, humilladas públicamente y golpeadas, a veces hasta la muerte.
Durante casi una década las universidades quedaron paralizadas y los hospitales funcionaron parcialmente.
También fueron destruidos templos, tiendas, viviendas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino.
La violencia alcanzó también a familias comunes: Xia recuerda que sus padres trabajaban para una empresa estatal en una pequeña localidad de la provincia de Jiangsu.
Según relata, personas que no simpatizaban con su madre la denunciaron y ella pasó dos años en prisión.
Su padre, que inicialmente había respondido al llamado revolucionario de Mao, terminó siendo perseguido después de 1968.
El caos y el envío masivo al campo
En el año 1968 el movimiento se había salido de control y China estaba inmersa en un ambiente de violencia y caos que algunos comparaban con una guerra civil.
Se estima que cientos de miles de personas murieron en purgas y luchas de poder.
Mao terminó concluyendo que la situación era insostenible y decidió frenar a la Guardia Roja.
Muchos de esos jóvenes eran estudiantes urbanos que recorrían el país sin realizar trabajo productivo, explica Xia.
La solución de Mao fue enviarlos al campo para que trabajaran como agricultores y "aprendieran de los campesinos".
Alrededor de 16 millones de jóvenes fueron trasladados a zonas rurales, lo que permitió que las ciudades recuperaran cierta calma.
Aunque la historia oficial china considera que la Revolución Cultural se prolongó desde 1966 hasta 1976, los tres primeros años fueron los más radicales y violentos.
A partir de 1969, Mao continuó purgando a miembros del gobierno y del ejército, y reforzó su poder apoyándose en figuras consideradas radicales, como su esposa, Jiang Qing.
Junto con Zhang Chunqiao, Wang Hongwen y Yao Wenyuan, Jiang integró el grupo que más tarde sería conocido como la "Banda de los Cuatro".
La muerte de Mao y el legado de la Revolución Cultural
Mao Zedong murió en septiembre de 1976.
Tras su muerte, el Partido Comunista chino lo presentó como un "gran héroe" e intentó desvincularlo de los excesos y horrores de la Revolución Cultural, considerada catastrófica en el país.
Los nuevos dirigentes procesaron a quienes consideraban responsables intelectuales de las atrocidades, especialmente a la Banda de los Cuatro, cuyos miembros fueron condenados a cadena perpetua.
Según Xia, el Partido Comunista no podía permitirse una condena total de Mao porque eso habría puesto en cuestión la legitimidad misma del régimen.
Por eso, los sucesores de Mao sostuvieron que el dirigente estaba anciano y enfermo, y que había sido manipulado en sus últimos años.
Con el paso del tiempo, sin embargo, fueron reconocidos oficialmente algunos errores del líder.
Deng Xiaoping (ya rehabilitado) resumió esa visión con una frase que se volvería célebre: Mao "acertó en un 70% y erró en un 30%".
Deng, quien se convirtió en el líder supremo en 1978, impulsó un cambio de rumbo que ayudaría a moldear la China contemporánea.
El aparato represivo del Estado se mantuvo, pero el país comenzó a acercar dos ideas que habían dividido el mundo durante gran parte del siglo XX: el comunismo político y la apertura económica capitalista.
En un país gobernado por un partido comunista, el capitalismo dejó de verse como una contradicción.
Décadas después, la figura de Mao continúa generando divisiones en China.
Según Xia, muchos ciudadanos siguen idealizando aquella época y consideran que durante el maoísmo "los funcionarios por lo general no eran corruptos".
"Más del 50% de los chinos todavía creen que Mao fue un gran líder", afirma el historiador.
Sin embargo, puntualiza, "las personas más educadas saben lo que ocurrió durante la Revolución Cultural".
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.